Salud mental

El complejo de inferioridad: qué es y de dónde viene

El complejo de inferioridad: qué es y de dónde viene
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Artículo revisado por nuestra redacción clínica
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Publicado el
23.4.2024

Cuando hablamos de complejo de inferioridad, nos referimos a un individuo que tiene baja autoestima, experimenta sentimientos de insuficiencia y está invadido por un constante sentimiento de vergüenza de sí mismo. Pero, ¿cuál es el significado del complejo de inferioridad en más detalle?

Complejo de inferioridad en psicología

Para dar una definición completa de "complejo de inferioridad", retrocedamos un paso y analicemos detenidamente qué significa la palabra complejo. Los psicoanalistas Laplanche y Pontalis, autores del volumen Enciclopedia del Psicoanálisis [1], describen el concepto de complejo de la siguiente manera:

“Conjunto organizado de representaciones y recuerdos con fuerte valor afectivo, parcial o totalmente inconscientes. Un complejo se forma a partir de las relaciones interpersonales de la historia de la infancia y puede estructurar todos los niveles psicológicos: emociones, actitudes, conducta adaptada."

Por lo tanto, el concepto de complejo de inferioridad, en psicología, se refiere a una serie de autorrepresentaciones que el individuo ha construido y que a menudo son la concentración de representaciones inconscientes que surgen de la propia historia relacional.

La forma en que cada uno de nosotros representa su propio Yo es, por consiguiente, el resultado tanto del contexto social y cultural en el que nos encontramos como de nuestra propia historia familiar y personal.

El complejo de inferioridad según Jung

Carl Gustav Jung, uno de los fundadores de la psicología analítica, exploró el concepto de inferioridad y lo conectó con su teoría de los arquetipos y el inconsciente colectivo. Aunque nunca menciona explícitamente un complejo de inferioridad, Jung habla de él como resultado de una desconexión con el Yo, el aspecto más profundo y auténtico de la personalidad.

Esta desconexión puede ser causada por experiencias traumáticas o por la represión de partes vitales de la psique. Jung creía que el complejo de inferioridad podía manifestarse mediante el predominio de arquetipos negativos, como la Sombra, que representa los aspectos oscuros y reprimidos de la personalidad.

Por tanto, el trabajo terapéutico, según Jung, consistía en reconocer e integrar estos aspectos en el individuo para alcanzar la armonía y la plenitud psíquica.

El complejo de inferioridad según Freud

El complejo de inferioridad en la obra de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, se remonta al contexto de su teoría del desarrollo psicosexual. Según Freud, una representación de uno mismo en términos de inferioridad puede derivar de experiencias traumáticas durante las fases del desarrollo psicológico infantil, especialmente durante el período edípico.

Freud creía que los conflictos no resueltos o las experiencias de devaluación durante esta fase podrían dejar una huella duradera en la psique del individuo y, por lo tanto, contribuir a la formación del complejo de inferioridad.

Por eso Freud asoció el complejo de inferioridad con el complejo de Edipo. La rivalidad edípica, en la que el niño se compara con la figura paterna por el amor y la atención del otro, puede generar conflictos que influyen en la autopercepción y la confianza en el individuo en la edad adulta, lo cual contribuye a la formación de un sentimiento persistente de inferioridad.

El complejo de inferioridad según Adler

Alfred Adler, pionero de la psicología individual, introdujo el concepto de sentimiento de inferioridad como componente fundamental de la personalidad humana. Según Adler, sentirse inferior no es necesariamente un trastorno, ya que ha sido un motor del progreso humano a lo largo de la historia.

Por el contrario, el complejo de inferioridad es el resultado de una acentuación del sentimiento de inferioridad que conduce a una percepción distorsionada de uno mismo en relación con los demás, que puede tener su origen en experiencias infantiles.

Adler creía que el complejo de inferioridad podía dar lugar a una serie de conductas compensatorias, como la hipercompetitividad y la agresividad, como mecanismo de defensa para intentar superar o enmascarar el sentimiento de insuficiencia.

Complejo de inferioridad y superioridad

En el tejido social, el complejo de inferioridad puede generar inseguridad y miedo a ser juzgados, especialmente en individuos que se sienten marginados o que no se sienten a la altura respecto a los demás. Por el contrario, el complejo de superioridad se alimenta de una excesiva confianza en uno mismo, empujando a veces a las personas a comportarse con arrogancia o desprecio hacia aquellos que perciben como inferiores. Ambos complejos pueden ser la raíz de conflictos internos y externos e influir en la dinámica relacional y el bienestar personal.

Comparación del complejo de inferioridad y superioridad
Foto de Lewis Burrows (Pexels)

Complejo de inferioridad y sociedad

En una sociedad frenética, orientada a la consecución de objetivos que se evalúan "obsesivamente" en todos los contextos (escolar, laboral, relacional), parece que poco a poco hemos ido perdiendo interés en la subjetividad, en el tiempo y en las inclinaciones personales.

La especificidad de cada individuo ha sido sustituida por la construcción de un ideal comunitario al que todos debemos aspirar para sentirnos "en sintonía" con los tiempos y con los demás. Basta pensar en las historias de muchos expertos en psicología adolescente que relatan diferentes emociones que los jóvenes comparten con ellos, como por ejemplo:

  • la sensación de incomodidad al no poder comprar un objeto o accesorio específico "de moda" por razones económicas.
  • la frustración que se siente debido a la incapacidad de alcanzar los objetivos profesionales establecidos.
  • la vergüenza por ser más introvertido, característica que se asocia a menudo con un signo de debilidad.

¿Entonces? ¿Qué está pasando? Parece que avanza un lento proceso de normalización en detrimento de las idiosincrasias y especificidades de cada uno.

Casi parece que un "ideal del Yo" construido socialmente haya sido, como diría Freud, proyectado hacia afuera asumiendo la función de un tótem (según Freud, el tótem es un objeto simbólico que representa la unidad y la cohesión del grupo). 

Esta situación nos obliga a admitir que, aún hoy, la diversidad puede asociarse a una "carencia". ¿Cómo se sale de este estancamiento?

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Complejo de inferioridad e historia personal

El complejo de inferioridad se estructura en el vínculo con las figuras de atención primaria. En particular, podemos identificar dos modos de estar en relación que, si bien, a nivel de estructuración del Yo del sujeto se sitúan en extremos opuestos, conducen a la misma consecuencia, es decir, a una imagen muy empobrecida de la propia identidad:

  • la falta de validación materna.
  • la no separación de la madre.

Cuando utilizamos el término "maternal" en psicoanálisis, no nos referimos necesariamente a la figura de la madre, sino a lo que se llama "función materna". En definitiva, cualquier cuidador que acompañe al niño, ofreciéndole cuidados físicos y emocionales y proporcionándole un entorno seguro y de apoyo, desempeña una función materna.

Relación del complejo de inferioridad con la historia personal y la infancia
Foto de James Wheeler (Unsplash)

Falta de reflejo materno

Winnicott, psicoanalista y pediatra, hacía referencia a una fase inicial de la relación madre-hijo, definida como preocupación materna primaria.

En esta fase, en la que el niño depende totalmente de los adultos, es necesaria una "sintonía" entre las necesidades del niño y las de quienes lo cuidan, ya sea a nivel más fisiológico o a nivel más emocional.

Esta "sintonización", cuando es suficientemente buena, fortalece el sentido del Yo del niño, lo cual le permitirá construir una autoimagen sólida y fuerte. Si los cuidadores fallan en esta función, especialmente durante el período de la primera infancia, los cimientos de esta identidad naciente podrían verse debilitados.

Fracaso de la separación materna

Sin embargo, la fase de preocupación materna primaria descrita por Winnicott tiene una fecha límite.

El niño necesita vivir tanto momentos de sintonía con el adulto como momentos de frustración, en relación con los cuidadores que no siempre son puntuales en la satisfacción de sus necesidades. De esta manera, no solo aprende a diferenciar entre Él mismo y el Otro, sino también a vivir de una manera real, compuesta de expectativas, esfuerzo y "compromiso".

A veces, sin embargo, sucede que el niño se convierte en una extensión de quienes lo cuidan. En estos casos puede ocurrir que el adulto proyecte todas sus aspiraciones y deseos en el niño, sin tomar conciencia de sus diferencias y, por tanto, de que son dos únicas identidades.

Los llamados padres helicóptero, figuras extremadamente protectoras que prolongan ese estado de preocupación materna primaria descrito anteriormente, recuerdan al niño su impotencia, su fragilidad.

Es como si el niño creciera con la idea de que solo dentro del vínculo simbiótico se puede experimentar seguridad y contención. De modo que el mundo, el exterior, se vuelve "peligroso" y, como resultado, se activan un conjunto de ansiedades persecutorias que contribuyen a la estructuración del complejo de inferioridad.

De hecho, el discurso interno de quienes sufren tales experiencias de insuficiencia parece ser más o menos el siguiente: "¿Cómo puedo afrontar la vida, esforzarme en una relación, en mi futuro profesional, si me siento tan frágil y el mundo exterior me parece tan peligroso?” De ahí que el hogar, como representante simbólica del vínculo fusional, se convierta en un refugio en el que descansar en un presente eterno pero ilusorio.

¿Podemos hablar de “síntomas del complejo de inferioridad”?

El complejo de inferioridad puede manifestarse de diferentes formas, que influyen en la forma en que una persona se percibe a sí misma e interactúa con el mundo que la rodea. Uno de los signos más evidentes es el sentimiento constante de insuficiencia, de no ser suficiente (atelofobia) o de ser inferior a los demás, incluso cuando no existen razones concretas para dicha percepción.

El complejo de inferioridad también puede identificarse por la presencia de una baja autoestima y una falta de confianza en las propias capacidades, que limitan las oportunidades de crecimiento personal y profesional.

Puede suceder que el complejo de inferioridad y la agresividad se manifiesten juntos: de hecho, la agresividad es un mecanismo de defensa detrás del cual el ego herido puede ocultar sus inseguridades. Además, es posible que cuando se sufren complejos de inferioridad se tienda a ser hipersensible a las críticas y opiniones de los demás, ya que cada situación se interpreta como una confirmación de la propia falta de valor.

Complejo de inferioridad y narcisismo

Uno de los posibles resultados de esta representación empobrecida del Yo es el narcisismo patológico.

El psicoanalista Rosenfeld identifica dos tipos de narcisismo en sus estudios: el narcisista abierto, que se caracteriza por la presencia de pensamientos de superioridad e independencia de los demás, y el narcisista encubierto, que se caracteriza por el clásico "complejo de inferioridad". En ambos casos, una herida narcisista, un daño emocional profundo que afecta la autoestima, puede estar en el origen de estos comportamientos disfuncionales. Por este motivo subir la autoestima en estos casos es importante.

El narcisismo encubierto es una forma de narcisismo menos obvia que el narcisismo grandioso. Mientras que en el narcisismo abierto la persona muestra una alta autoestima y busca constantemente la admiración de los demás, en el narcisismo encubierto la persona esconde una profunda inseguridad detrás de una aparente modestia o humildad.

Complejo de inferioridad y depresión

Los sentimientos de insuficiencia e inutilidad personal que caracterizan al complejo de inferioridad pueden ser síntomas típicos de la depresión.

La depresión, de hecho, es un trastorno del estado de ánimo caracterizado por un profundo sentimiento de tristeza, desinterés por las actividades diarias, cansancio, cambios en el apetito o el sueño, y sentimientos de vacío o desesperanza.

El complejo de inferioridad puede ser un factor que contribuya a la depresión, ya que la comparación negativa constante con los demás, la inseguridad y la autocrítica constante pueden socavar el bienestar emocional de una persona.

El complejo de inferioridad en la pareja

En las relaciones de pareja, el complejo de inferioridad puede ser una presencia sutil, pero poderosa que puede influir en las interacciones diarias con una sensación de insuficiencia o celos. Una pareja que siente un complejo de inferioridad hacia el otro podría desarrollar conductas posesivas o de autosabotaje, lo cual mina la confianza mutua y crea tensión en la relación.

Además, cuando ambos miembros de la pareja experimentan un complejo de inferioridad, la pareja corre el riesgo de estancarse en un ciclo de autodevaluación mutua.

El complejo de inferioridad en la pareja puede socavar la confianza y crear tensión
Foto de Cottonbro studio (Pexels)

Causas del complejo de inferioridad

Como hemos visto, las causas del complejo de inferioridad pueden ser múltiples y complejas. A menudo pueden tener su origen en experiencias de la infancia, como críticas excesivas, abuso físico o emocional, o un entorno familiar que no brinda el apoyo emocional adecuado.

Las comparaciones constantes con otros, especialmente en contextos sociales o laborales, también pueden alimentar sentimientos de inferioridad. Así como el fracaso repetido o la incapacidad de alcanzar los estándares impuestos por uno mismo o por los demás puede contribuir a la formación de un complejo de inferioridad.

Algunas personas también pueden desarrollar este complejo debido a traumas o acontecimientos estresantes en la vida adulta, como una ruptura sentimental, una enfermedad física, problemas en el trabajo o la pérdida del mismo, que pueden llevar a experimentar el síndrome del impostor.

Asimismo, los mensajes sociales y culturales que promueven ideales poco realistas de belleza, éxito y prestigio pueden agravar aún más el complejo de inferioridad hacia una persona o grupo social entre los individuos más vulnerables.

Cómo superar el complejo de inferioridad

Afortunadamente, muchas personas que sufren tales sentimientos de insuficiencia, en cierto momento, advierten un conflicto entre su vida psíquica y el mundo exterior que les impulsa a alcanzar metas evolutivas.

Este es el momento en el que muchos recurren a un psicólogo o psicoterapeuta. De hecho, durante el transcurso de la terapia el paciente podrá aprender a conocer su potencial.

Entrará en contacto con un Otro (el terapeuta) que, a través del reflejo, reconocerá y potenciará su diferencia, su potencial y, sobre este último, aprovechará para acompañarlo al mundo exterior, confiando en sus capacidades y potencial.

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Bibliografía

[1] Enciclopedia del psicoanálisis, J. Laplanche - J. -B. Pontalis, Laterza

Freud S. (1913) Tótem y tabú. En obras, Bollati Borighieri, Turín

La Planche y Pontalis (1998). Enciclopedia del psicoanálisis, Editorial La Terza

Rosenfend H. (1987) Comunicación e interpretación: factores terapéuticos y antiterapéuticos en el tratamiento.

de pacientes psicóticos, límite y neuróticos, Bollati Boringhieri Editore, Turín

Winnicot S. (1958). Preocupación materna primaria. En De la pediatría al psicoanálisis, Martinelli, Florencia

Winnicot S. (1965). La capacidad de estar solo. En Desarrollo afectivo, Armando editore Roma

Este texto es una adaptación en español del artículo “Il complesso di inferiorità: cos'è e da dove viene” publicado en versión original en el blog de Unobravo.

Este contenido es de tipo divulgativo y no puede reemplazar el diagnóstico de un profesional.

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