Salud mental

Misoginia: el odio a las mujeres

Misoginia: el odio a las mujeres
logo-unobravo
Buencoco
Artículo revisado por nuestra redacción clínica
Artículo revisado por nuestra redacción clínica
Publicado el
31.10.2023

El concepto de misoginia evoca imágenes y sentimientos de aversión o menosprecio hacia las mujeres, y ha sido un fenómeno persistente a lo largo de la historia. 

Este odio hacia lo femenino viene de lejos y ha permeado nuestra sociedad en casi todos los ámbitos. Pero ¿cuál es el origen de la misoginia? Y ¿qué significa ser un misógino?

A lo largo del artículo explicaremos qué es la misoginia, cuáles son sus causas y consecuencias, y qué significa ser un misógino. Además, pondremos algunos ejemplos de realidades cotidianas en las que la misoginia hace acto de presencia.

Misoginia: definición y origen del término

La etimología de la palabra misoginia (o misogyny, en inglés) nos lleva a sus raíces griegas: "misein", que significa "odiar", y "gynē", que se traduce como "mujer". Según la Real Academia Española (RAE), la definición de misoginia es la siguiente: “la aversión a las mujeres o la falta de confianza en ellas”. Este término no solo abarca el desprecio o el odio a la mujer, sino que también refleja un miedo subyacente a que las mujeres desafíen el estatus dominante tradicionalmente asignado a los hombres.

El significado de misógino (o misogynist, en inglés) se relaciona directamente con esta definición, y se refiere a una persona que muestra misoginia o aversión hacia las mujeres. A lo largo de la historia, la palabra misoginia ha sido utilizada para describir una actitud que va más allá de la discriminación de género, implicando una profunda desigualdad y un prejuicio arraigado en la mayoría de sociedades humanas.

La historia de la misoginia se traduce en una marginación de las mujeres a roles subordinados, justificando su exclusión de ciertas funciones sociales. Desde Aristóteles y la Grecia clásica, una sociedad profundamente patriarcal donde las actitudes misóginas eran comunes y socialmente aceptadas, hasta las cacerías de brujas y la imagen de la "femme fatale" en el cine, la historia ha subvalorado y estigmatizado lo femenino, y ha limitado el desarrollo personal de las mujeres. Este legado, fruto de una sociedad patriarcal, ha minimizado cualquier tipo de contribución femenina en ámbitos como el académico, el literario, el social, etc.

¿Qué es ser misógino?

Ahora vamos a tratar de analizar qué quiere decir misógino. En pocas palabras, un misógino es aquel que odia a las mujeres y actúa de manera injusta o dañina hacia ellas. Ahora bien, ser una persona misógina implica mucho más que una simple antipatía hacia las mujeres; es una actitud compleja que se manifiesta tanto a nivel cultural como psicológico. Culturalmente, la misoginia se refleja en normas, prácticas y creencias que perpetúan la inferioridad, el desprecio o el odio hacia las mujeres (por ejemplo, creer que se puede hacer lo que se quiera con una mujer, con consentimiento sexual o sin él). Psicológicamente, puede considerarse como una predisposición o un conjunto de actitudes arraigadas que llevan a una persona a menospreciar a las mujeres, ya sea de manera manifiesta o sutil.

Identificar a un misógino no siempre es sencillo, ya que muchos pueden presentarse inicialmente como personas encantadoras y seductoras. Sin embargo, un patrón común en los misóginos es su trato diferencial y despectivo hacia las mujeres en comparación con los hombres. Una persona misógina puede mostrar una conducta inconsistente, prometiendo y no cumpliendo, apropiándose de ideas femeninas sin reconocerlas, y manifestando actitudes tanto demandantes como evasivas en las relaciones sexuales. Estos comportamientos reflejan una actitud subyacente de menosprecio y control hacia las mujeres.

La filósofa Berit Brogaard describe al misógino típico como alguien que selecciona a una mujer específica, a menudo tratándola como un trofeo. En las relaciones, su comportamiento puede variar entre ser excesivamente controlador y desinteresadamente negligente, dependiendo de lo que él perciba que la mujer espera de él. Su competitividad se agudiza especialmente cuando una mujer tiene éxito (ya que esto para un misógino es insoportable), mostrando una doble moral a la hora de evaluar lo que es un hombre y una mujer.

Causas de la misoginia

La misoginia surge de una interacción de factores culturales, psicológicos y sociales. En el origen de la misoginia se encuentra la estructura patriarcal de muchas sociedades, donde el poder y la autoridad están dominados por los hombres, relegando a las mujeres a roles subordinados. Este sistema patriarcal perpetúa estereotipos de género y desigualdades, creando un ambiente propicio para el desarrollo de actitudes misóginas.

Además, factores como la educación, los medios de comunicación, las religiones y las normas sociales también juegan un papel importante en la perpetuación de la misoginia. Desde una edad temprana, se transmiten a ambos géneros expectativas y roles específicos que a menudo refuerzan la idea de la superioridad de los hombres y la inferioridad de las mujeres. Esta forma de educar es, a menudo, muy sutil, y no se cuestiona. La falta de una representación equitativa y positiva de las mujeres en los medios y en la cultura en general contribuye a una visión sesgada y estereotipada de las mujeres, lo que refuerza aún más la misoginia en la sociedad. Esta influencia cultural y sistémica puede dar lugar a lo que se conoce como efecto Lucifer, que no es otra cosa que la transformación de personas comunes en perpetradores de maldades.

También existen factores psicológicos subyacentes, como una inseguridad patológica en ciertos hombres, que pueden desencadenar actitudes misóginas. Estas actitudes se utilizan como un mecanismo para afirmar su poder y mitigar sus propias inseguridades a través del menosprecio de las mujeres. Asimismo, hay hombres que pueden sentirse amenazados por la independencia o el éxito de las mujeres, y recurren a la misoginia como una forma de control y dominación. Además, la falta de modelos masculinos positivos que muestren respeto y un trato normal hacia las mujeres también puede contribuir a la formación de actitudes misóginas en los hombres jóvenes.

Por último, si hablamos de las consecuencias de la misoginia, estas pueden ser profundas; desde la discriminación y limitación de oportunidades para las mujeres hasta la incitación de la violencia física y emocional. Esta actitud no solo afecta a las mujeres individualmente, sino que también daña a la sociedad en su conjunto porque perpetúa ciclos de violencia y abuso. La misoginia forma parte del ciclo de la violencia de género, violencia machista o violencia doméstica, ya que estas actitudes negativas hacia las mujeres suelen ocurrir como un paso previo a actos como el abuso doméstico, el acoso sexual, la humillación por la apariencia física o body shaming, la violencia vicaria y otras formas de agresión. 

La misoginia en hombres es algo que ocurre en nuestra sociedad
Foto de Andrea Piacquadio (Pexels)

Tipos de misoginia

La misoginia puede adoptar diversas formas, cada una con sus características y modos de expresión específicos, desde la discriminación sutil hasta la violencia explícita. Veamos cuáles son los principales tipos de misoginia.

Misoginia tradicional 

La misoginia tradicional se basa en creencias y estereotipos de género arraigados históricamente, donde las mujeres son consideradas inferiores a los hombres. Esta forma de misoginia se manifiesta a través de actitudes y comportamientos que subestiman las capacidades y los roles de las mujeres, relegándolas a posiciones secundarias en la sociedad. 

Misoginia violenta 

La misoginia violenta incluye actos de agresión física, emocional o sexual dirigidos específicamente hacia las mujeres. Esta violencia puede ser tanto explícita como sutil, y abarca desde el abuso doméstico y el acoso sexual hasta formas más encubiertas de intimidación y control. Este tipo de misoginia es especialmente peligrosa porque busca dañar directamente a las mujeres y minar su dignidad.

Misoginia institucional 

La misoginia institucional se refiere a las políticas, leyes y prácticas que se dan en organizaciones y estructuras sociales que mantienen desigualdades de género y discriminación hacia las mujeres. Las consecuencias tienen que ver con la brecha salarial, una menor representación de mujeres en posiciones de liderazgo y la falta de políticas de apoyo a las mujeres en el ámbito laboral y social.

Misoginia interiorizada 

La misoginia interiorizada o internalizada se da cuando las mujeres asimilan y reproducen actitudes misóginas contra sí mismas o contra otras mujeres. La misoginia entre mujeres lleva a cuestionarles su propio valor, a limitar sus aspiraciones y a perpetuar estereotipos negativos contra su propio grupo social. Algunos ejemplos para entender lo que es la misoginia interiorizada son la autocrítica excesiva, la justificación de la desigualdad y la discriminación o la aceptación de los roles de género restrictivos.

Misoginia digital 

La misoginia digital se manifiesta en el entorno virtual, especialmente en redes sociales y foros en línea. Incluye ciberacoso, comentarios sexistas, difusión de imágenes sin consentimiento y discursos de odio dirigidos a mujeres. Esta forma de misoginia puede tener un impacto muy negativo en la autoestima de las mujeres, además del hecho de que perpetúa una cultura de impunidad y anonimato que protege a los agresores.


Diferencia entre misoginia y misandria

No hay que confundir la misoginia con la misandria. La misoginia, como ya hemos explicado a lo largo del artículo, se refiere al odio, desprecio o prejuicio contra las mujeres, mientras que la misandria es lo contrario de misoginia, es decir, el odio, desprecio o prejuicios hacia los hombres.

Una diferencia clave entre la misoginia y la misandria radica en su prevalencia y manifestación en la sociedad. La misoginia siempre ha sido más visible históricamente y se ha vinculado al machismo y al sexismo en general. Por su parte, la misandria, aunque también existe, ha tenido una presencia y un impacto históricamente menores en las estructuras sociales y culturales. 

Ejemplos de misoginia

La misoginia sigue siendo el pan de cada día para muchas mujeres en diversas situaciones de su vida diaria. A continuación, presentamos algunos ejemplos y señales de comportamiento misógino en diferentes ámbitos.

Misoginia en el trabajo

La misoginia laboral es un claro ejemplo de cómo estas actitudes de rechazo y odio pueden infiltrarse en el ámbito profesional. Desde comentarios sexistas de un misógino en el trabajo, hasta la brecha salarial y el techo de cristal, las mujeres a menudo tienen que hacer frente a dificultades únicas debido a este fenómeno.

Misoginia en la industria musical

La industria musical tampoco es ajena a los casos de misoginia. Desde letras de canciones que perpetúan estereotipos hasta la “cosificación” de las mujeres en videos musicales, la misoginia en la música es un reflejo de cómo la cultura popular puede influir y perpetuar estas actitudes negativas.

Misoginia en la literatura

Históricamente, la literatura también ha reflejado y a veces perpetuado la misoginia y una visión negativa de la mujer. Desde la representación de personajes femeninos en roles secundarios y estereotipados hasta la falta de reconocimiento de autoras, por ejemplo.

Libros que tratan la misoginia

Hay muchos libros que han abordado el tema de la misoginia y han analizado histórica y culturalmente este fenómeno. Aquí te dejamos algunos:

  • Historia de la misoginia” de Esperanza Boch, Victoria A. Ferrer y Margarita Gili. Un libro que expone la idea de que la inferioridad femenina es la base del patriarcado, limitando a las mujeres y privando a la humanidad de su potencial.
  • Los hombres que odian a las mujeres” de Laura Bates. En este libro, la autora cuenta cómo hay redes misóginas que operan encubiertas, radicalizando jóvenes y difundiendo su ideología extremista.

Este contenido es de tipo divulgativo y no puede reemplazar el diagnóstico de un profesional.

Si te ha gustado este artículo, compártelo:

Te pueden interesar

Madres tóxicas: aprende a identificarlas y lidiar con ellas

Astenia: cuando una siesta no es suficiente

Los trastornos psicosomáticos: cuando el cuerpo habla

lee todos los artículos